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LA EDUCACIÓN,
VALE PITO

 

Juan Claudio Edwards

 


Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas



Mientras escribo esta columna, los profesores están en paro indefinido; las parvularias marchan por las calles; todos opinan sobre el ‘Aula Segura’; el Instituto Nacional se tuvo que ir a vacaciones de invierno adelantadas… ¿Qué está pasando con el tema de la educación en nuestro país?


El diagnóstico es claro: nadie está contento con la educación en Chile. Ni padres, ni profesores, ni Ministerio, ni escolares, universitarios, historiadores, deportistas… ¡Nadie!

 

¿Y por qué? Porque nadie está tomando en serio la educación. ¡Así de simple! Piensen un minuto: les estamos enseñando a los muchachos del siglo XXI, con métodos del siglo XIX. ¡Esto es patético!

 

Sí, con el mismo sistema que aprendieron nuestros abuelos y bisabuelos: un profesor se para adelante, los chicos y jóvenes se sientan en sus mesas o pupitres ordenaditos y el “viejo de matemáticas” (o de la materia que quieran), escribe en la pizarra o dicta; los alumnos copian la materia y luego viene la prueba. ¿Y qué pasa? Que a los alumnos no les interesa lo que “ese señor” dice y al profe, lo que “esos mocosos” quieren. Todo mal.

 

¿Y los padres? Los padres llegan de la pega “hechos bolsa” a la casa y no se involucran. Esperan que en el colegio, escuela o universidad, les enseñen cosas útiles a sus hijos para que mañana sean mejor que ellos y así puedan progresar, emparejarse y tener hijos, a los que mandarán a estudiar para que sean mejor que ellos. Todo un círculo vicioso.

 

Pero vamos por partes… no todo está perdido. Son tres mis planteamientos:

 

Lo primero, es que como sociedad entendamos que una cosa es educar y otra es instruir. La educación se da en la casa, mientras la instrucción, en establecimientos. Es decir, esta es una labor COMPARTIDA. (No se trata de que los padres hagan tareas con los hijos, sino que les enseñen temas profundos como la camaradería, la honestidad, la inclusión, la verdad. Eso es educar). Las materias las entrega la escuela, y los valores, la familia.

 

Lo segundo, es que se entienda, de una vez por todas, que si hay una profesión que debe ganar buenos sueldos, esa es la de profesor. Si a los médicos se les paga bien para mantenernos sanos y con vida, ¿por qué a los profesores -que son los que te dan las herramientas para tener una mejor vida- se les paga tan mal? ¡Eso debe cambiar! ¿Saben cómo les dicen a los profes en otras partes del mundo? MAESTRO: El que sabe, el que instruye, el que guía. Pero ojo: quien enseña debe ser de verdad un maestro, con vocación profunda, y no un señor (o señora) que “no le alcanzó el puntaje para ser ingeniero”.

 

Lo tercero (y quizás lo más importante), es que tenemos que cambiar el método de enseñanza. En 1946, Edgar Dale, pedagogo estadounidense, propuso un método llamado “El Cono de la Experiencia”, donde postulaba que vivir una experiencia permite una mejor asimilación de una materia que sólo leerla o escucharla. Tenga o no bases científicas, sin duda Dale tenía bases empíricas. Y en mis más de 30 años como profesor universitario lo he podido comprobar. La praxis, el involucrarse, el enfrentar talleres y desafíos, es la mejor forma de aprender. La expresión: “La necesidad crea el órgano”, atribuida a Jean-Baptiste Lamarck, toma total validez en este caso: la EXPERIENCIA es clave.

 

Así pues, si hay voluntad, si tomáramos en serio la educación, cambiaríamos el modelo: FORMACIÓN COMPARTIDA; MAESTROS DE VERDAD Y BIEN REMUNERADOS; UN NUEVO MODELO DE ENSEÑANZA: EXPERIMENTAR LA MATERIA.

 

¿Es muy difícil? No lo creo… El problema es que los que deciden, no están tomando en serio la educación. ¿Y si lo exigimos? VDS



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