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CORAZONES ROJOS, DISCRIMINACIÓN ROSA

 

Juan Claudio Edwards

Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas



Una vez más se castiga a las mujeres. Esta vez con el “Impuesto Rosa”.



¿De qué se trata? De una constatación –a través de estudios– que demuestra que, a igualdad de productos, aquellos dirigidos a la mujer tienen un precio superior que el mismo producto para hombres. Tres ejemplos para graficar: el shampoo, las maquinillas para afeitar y el paracetamol; si es “para mujeres”, es más caro. Y esto es en todo el mundo

 

Ya en 2015 el DCA de New York concluyó que, en promedio, los productos para mujeres costaban hasta 13% más, que los para hombres

 

Este estudio, llamado “gender pricing”, realizado hace unas semanas por el SERNAC, demostró diferencias aún más marcadas en Chile. Por ejemplo, “la mayor diferencia en precio se detectó en un bolso deportivo, cuyo valor fue de $69.900 en color rosado y de $16.990 en color negro, es decir, ¡un 311% de diferencia”! (1). En promedio, la diferencia encontrada en nuestro país fue que el mismo producto para mujeres, cuesta hasta 30.3% más, que uno para hombres o neutro.

 

Pero el problema no termina ahí. El informe “Education at a Glance” 2018 realizado por la OCDE, reveló que Chile tiene la más alta brecha salarial entre hombres y mujeres con estudios superiores: 35%. (2) Entonces, si las mujeres “preparadas” ganan 35% menos y los productos “para ellas” cuestan 30% más, estamos hablando que la disparidad por género es ¡francamente insultante!

 

En una sociedad en la que nos sentimos “a la vanguardia” y en la que los gobiernos (independiente del color político) están haciendo todo tipo de esfuerzos para “emparejar la cancha”, es francamente aberrante, que a las empresas, al mercado y al comercio, les “valga un pito”.

 

Se podrá argumentar que son las reglas de la oferta y la demanda; que nadie está obligado a comprar cosas “para ellas” “Que elijan un bolso negro si no quieren pagar más”, pero ¿saben?, esto no es así de simple. El marketing, la publicidad y otras disciplinas persuasivas, trabajan en base al comportamiento de las personas, la herencia social y las conductas culturales, y por eso, cuando algunos se aprovechan, rayamos en la falta de ética.

 

Recuerdo cuando Diet Coke se lanzó en Chile (a mediados de los ’80), su precio era más alto que una Coca normal. ¿Adivinan a quién iba dirigida Diet Coke? Obvio: ¡a la mujer! Por eso me parece increíble que en estos tiempos haya defensa al “impuesto rosa”.

 

En una carta al Director de La Tercera (3), mi excolega y actual Director de Publicidad de la UDP, Cristián Leporati, dice que “las mujeres están dispuestas a pagar más (precio inelástico) por los bienes y servicios femeninos de marca (…) No hay discriminación de género; solo economía básica y marketing”. Quizás Leporati pueda decir la verdad, pero definitivamente no tiene razón, porque, aunque las leyes del mercado lo expliquen, hay verdades que el sentido común no puede justificar. Es como decir que los inmigrantes trabajan por menos, y por tanto, es correcto pagarles sueldos míseros, o que si alguien no puede pagar un buen colegio, que vaya a uno malo.

 

En nuestras manos está no aceptar este tipo de abusos, no defenderlos y sobre todo, luchar contra ellos. Y en el caso del impuesto rosa ¡no hay justificación posible. VDS




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