Chicureanos

 

EDUCACIÓN PARA LA PAZ

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Relacionar educación y paz es una responsabilidad central para la enseñanza del siglo XXI. En un mundo tan afectado por la violencia, la educación no podría quedarse como un espectador pasivo sin hacerse cargo de la importancia que este tema tiene en la infancia y adolescencia.

 

Debemos comenzar a centrar la formación de nuestros estudiantes en las habilidades del futuro, como la capacidad de establecer acuerdos, la importancia de la escucha, la construcción de consensos, el desarrollo de la empatía y el pensamiento crítico. Un ejercicio pedagógico centrado en una educación consciente, que propicia el darse cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor y de lo que nos pasa internamente, sin que nada nos sea ajeno. Una educación lejos de la competencia que establece mejores y peores, una educación que se desalinea de un paradigma centrado en el egoísta éxito personal y que hace visible en sus prácticas la interdependencia de lo humano y de la vida.

 

Una educación sostenida en la justicia y la equidad, que re-observa el paradigma actual y hace transformaciones profundas de los espacios educativos a la luz del siglo XXI y sus desafíos.

 

La idea es renovar aquel viejo paradigma basado en el “yo enseño, tú aprendes” y, de paso, romper los esquemas de una educación que sigue apuntando a la repetición y memorización de lo que otro me dice, me cuenta o me escribe en un pizarrón.

 

Se instala en la sala de clases una pregunta hoy urgente: ¿Quién soy? Para luego agregar: ¿De qué soy responsable?; ¿Qué rol me toca a mí –niño/joven– en la vida que vivo? ¿Cómo me reconozco en la experiencia conmigo mismo y con otros como un ser humano que integra mente, cuerpo, corazón y espíritu? Ser consciente es darme cuenta, no caminar automáticamente por caminar; detener el frecuente sin sentido de “tienes que aprender para una prueba”. Es necesario entender que soy parte de una red, un sistema que implica interdependencia, responsabilidad, compromiso y conciencia.

 

La era de la obediencia ya pasó. Hoy no debemos intentar tener “niños obedientes” ni menos organizar la educación con ese fin; por el contrario, eduquemos niños colaboradores, comprometidos y críticos, lo que pasa por una práctica en la sala de clases donde –realmente– no le tenemos miedo a la libertad del estudiante. Un espacio donde vemos al ser humano en su totalidad, propiciando la formación de un ser libre y responsable de sus actos. Sólo así lograremos trabajar en una “Educación para la Paz”, una paz activa como conducta cotidiana y como uno de los objetos centrales del proceso. VDS

 

Por Bernardita Jensen
Rectora Colegio Pucalán Montessori



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