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DISCULPAS:
ME FUI DE VIAJE

Juan Claudio Edwards

Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas


Mi editora está enojada conmigo.
No me lo ha dicho (porque es buena onda), pero yo sé que es así.
Me pidió que le mandara esta columna antes del feriado del 18 de septiembre y yo me fui de viaje sin mandársela…
Yo estaría enojado conmigo mismo…
Pero quiero hacer mis descargos:
• El feriado del 14, 15, 16, 17, 18 y 19 era una oportunidad que nadie podía perderse (¿se acuerdan dónde fueron uds. y cómo lo pasaron con tooooooodos esos días laaaaaargos?)
• Un primo (y gran amigo) nos invitó a un panorama sin igual.
• Éramos 15 personas muy entretenidas que veníamos de distintos mundos, con distintas vidas, ¡pero unidos por ese gran panorama!
• A lo menos yo, lo venía planificando desde marzo, cuando compré los pasajes de avión (menos mal, porque después el dólar se fue a las nubes)
• Entre las maletas, el pasaporte, las reservas del Airbnb y todos los etcéteras… simplemente se me fue escribir y mandar la columna.
… Y no la mandé. Mal, muy mal, pero comprensible (digo yo…)
Así que acá estoy, escribiendo esta columna desde la Ciudad Luz a las 12:30 de la noche, mientras los pies me duelen de tanto haber caminado por horas ésta y otras ciudades maravillosas!

 

Cuando pensaba de qué iba a tratar esta columna, recordé una frase atribuida a San Agustín: “El mundo es como un libro abierto; quien no viaja, sólo ha leído la primera página”.
No importa dónde viajemos… puede ser la playa, el campo, la próxima ciudad, cruzar mares o desiertos… No importa dónde: ¡viajar es una bendición!

 

Viajando es tanto lo que se conoce, tanto con lo que nos admiramos (paisajes, edificios, personas, culturas), tanto lo que aprendemos, que no hay mejor energía usada (ojo: digo “usada” y no “gastada”).
Si alguno de uds. aún no ha viajado, les digo de verdad: ¡no lo posterguen más! ¡Tomen su maleta, su mochila o su morral y partan!

 

Yo he tenido la fortuna de viajar bastante, así que déjenme darles algunos consejos y advertencias:

 

• El proceso de iniciar el viaje es engorroso, latoso y muchas veces desagradable: hacer maletas; levantarse al alba para salir; pasar horas en el trayecto, muchas veces incómodo y deseando nuestra casa y cama. No se desesperen. Es parte del todo… ¡Así gozarán más cuando lleguen!
• Cuando arriben a su destino, al comienzo todo será novedad y estarán admirados. ¡Agradecerán al cielo estar donde llegaron y todo será wow!... Recuerden y atesoren esos primeros momentos, porque son los que ‘setean’ el viaje.
• Sin embargo, al pasar los días, tendrán un sentimiento muy humano (se llama ‘adaptación racional’) y ya no se admirarán tanto; las cosas ya no serán tan “maravillosas” ni la comida tan rica… Lo darán todo como ‘lógico’, ‘obvio’. No lo permitan. Ese sentimiento es el que mata los viajes y las experiencias.
• Un consejo: cada día pregúntense: ¿Dónde estoy?... Y traten de darse la respuesta más detallada posible… Ej.: “Estoy en el barrio de Le Marais, en la ciudad de París, en Francia, Europa” … Eso los devolverá a la realidad de dónde se encuentran… ¡Y que son enormemente afortunados!
• Por último: cuando vayan de regreso a su casa, traten de recordar cada momento (bueno o malo). Pónganle nombre, sitúense ahí y re-vívanlo. Eso hará que el viaje sea mucho “más largo” … Ya no serán unos días, sino semanas y meses en que ‘viajarán’.

 

Sé que mi editora está enojada porque no cumplí con mi promesa de mandar esta columna cuando me lo pidió… Pero si no me hubiera ido y vivido estos momentos, quién sabe qué barbaridades habría escrito…

 

¡Nunca pierdan la maravillosa oportunidad de viajar! ¡Es el alma la que más se los agradecerá! VDS


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