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DESCONFIADOS

Juan Claudio Edwards

Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas


El otro día hablaba con un amigo gringo que lleva unos años viviendo acá, y le hice la típica pregunta “chilensis”:
- ¿Y? ¿Te ha gustado vivir en Chile?
La respuesta fue como era de esperar. Que por supuesto que sí; que la Cordillera es maravillosa; que ha hecho muchos amigos, que es una ciudad muy segura, que las mujeres son bellas, y que el país es serio para hacer negocios.

 

Pero hubo un gesto en su cara que me dio pie a hacerle la siguiente pregunta:
- ¿Y qué no te ha gustado?
Después de un pequeño silencio, me contestó:
- ¿Sabes? Hay algo que no entiendo… ¿por qué son tan desconfiados los chilenos?
Comencé a responderle que no todos son desconfiados, que algunos somos lo contrario, que hay desconfianza en algunas instituciones que lo han hecho mal, pero que eso no es así en el diario vivir, que…
Y ahí me quedé callado.
La pregunta del gringo me dejó pensando.

 

La verdad es que los chilenos somos súper desconfiados. No solo con los Penta, Soquimich, Carabineros, Farmacias e Iglesias de este mundo, sino con todo o casi todos.


Desconfiamos de la cajera del supermercado, del emprendedor que nos ofrece su creación, de los hijos cuando dicen que están estudiando, del vecino, el amigo, el jefe y el subordinado…
Hay numerosos estudios y papers que así lo consignan y, de hecho, que nos comparan con otros países.

 

A nivel social, la Encuesta Mundial de Valores (2010-2014) muestra que solo un 12% de los chilenos cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, mientras que alrededor de un 70% prefiere ser precavido y cuidadoso en el trato con el demás (1).
Mientras en Holanda la confianza en la gente está a niveles del 70%, en Chile sólo alcanzamos el 12%, detrás de países como Argentina, Rusia, España. ¿A quién le “ganamos” (y no por mucho)? A Libia, Brasil, México… países sumidos en grandes problemas sociales.

 

Rousseau, Sitkin, Burt, & Camerer, establecen que la confianza es la “capacidad de inclinarse y optar por cooperar con otro a pesar de no contar con plena certeza sobre la capacidad y disposición de este otro a velar por mi integridad o intereses” (2). ¿Por qué entonces no tenemos esa disposición cuando hablamos de ‘otros como yo’? ¿O pensamos que no son ‘como yo’ y entonces desconfío? O al contrario, porque son ‘como yo’, entonces ufffff… ¡es mejor desconfiar!
La pregunta del gringo, entonces, tiene toda la validez del mundo: “¿por qué son tan desconfiados los chilenos?”

 

Aunque he elaborado miles de hipótesis, no hay ninguna que me convenza totalmente. ¿Es que nos han cagado mucho en la vida?; ¿Es que sentimos que otros quieren aprovecharse de nosotros? ¿Es que viene como parte de la educación de nuestros padres (y ellos, de sus padres)?


Algunos dicen que viene de los españoles; otros que de nuestros pueblos originarios. Y otros del mestizaje de ambos que hace que dos desconfiados engendren a un ser que no confía ¡ni en su sombra!

 

Si buscamos en la literatura, encontraremos el concepto del “pillo”, que está presente en el lenguaje chileno y latinoamericano, y que nos habla de aquel sujeto astuto y pícaro que aprovecha su sagacidad para obtener algún beneficio a costa de otros.
¿Es que esta sociedad se ha vuelto (o siempre ha sido) una donde los pillos abundan? ¿Es que ahora hay más pillos que antes?
La verdad es que no tengo respuestas, sino más bien miles de preguntas. Es por eso que, si alguno de Uds tiene una teoría, por favor compártala. Mándennos mails, escríbanos en las Redes Sociales.
De verdad confío en que juntos podremos encontrar una respuesta a “este mal” que tan flaco favor nos hace como personas y sociedad.VDS

 

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(1) Confianza, la clave para el desarrollo de Chile; (2015); Centro UC Políticas Públicas.
(2) Rousseau, D., Sitkin, S., Burt, R., & Camerer, C. (1998). Not so different after all: A cross-discipline view of trust. Academy of Management Review, 393-404.



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