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"YO VI AL VIEJITO Y SE
LOS VOY A CONTAR"

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Por Vania Brugal S.


Que no me vengan con cuentos, no me digan que es una fantasía o que jamás nadie lo ha visto. Yo estuve ahí un 24 de diciembre y tuve la suerte de poder verlo. Sé que son muy pocos los niños y niñas que logran verlo y por eso me siento muy emocionado de contarlo. Parece que acá en Chicureo no soy el único, así que sigan leyendo que esto se pone más entretenido aún, porque algunos lo vieron llegar en el trineo, otros en un auto blanco y otros caminando rapidito. Pero mejor no sigo contando para que no se pierda la sorpresa.


EL BRILLO DE LOS DUENDES MÁGICOS

 

Parecía una Navidad normal para la familia de Trinidad, de 10 años y sus hermanos mellizos Violeta y José, de seis. “Estábamos con mi abuela
-cuenta Trini- y yo no quería salir a la calle, me quería quedar en la casa porque lo único que quería era ver al Viejito Pascuero y si salía a la calle no lo iba a ver”.

 

Violeta abre sus grandes ojos azules y cuenta que salió con la Tati, su otra abuela y con José a buscar al Viejito. “Entonces -señala con entusiasmo- de repente vimos un auto blanco con una luz de color como azul y había una música de esa que me gusta a mí, como Shakira, algo así. Y de repente salió el Viejito Pascuero y me puse a gritar, grité mucho”.

 

José estaba tan impresionado que le dolió la guata y el corazón, su primera reacción fue correr a abrazarlo, “cuando corrí a abrazarlo la guata se me revolvía y sentí un dolor de cabeza de felicidad”, señala emocionado.

 

Los tres hermanos coinciden en que el viejito no era tan gordo como imaginaban, pero sí era muy tierno, y fue hasta su casa a entregarles personalmente los regalos de Navidad.

 

Pero ¿qué pasó con los adultos cuando encontraron a Santa? Curiosamente ninguno de ellos lo vio llegar en el auto blanco.

 

Trinidad cuenta que al escuchar los gritos de sus hermanos, salió corriendo a la calle para saludarlo y cuando invitaron al viejito a su casa y entraron, se encontraron con sus padres, tíos y abuelas ¡desmayados! Y al lado de cada uno había un duende mágico. En ese momento Trinidad, Violeta y José, se dieron cuenta que se trataba de una travesura y lentamente los “grandes” de la casa empezaron a despertar, y les contaron que los duendes les pusieron un polvo mágico que los hizo dormir.

 

Rápidamente se incorporaron al festejo y celebraron un momento que nunca olvidarán. “Para mí el momento más lindo fue conocer al Viejito Pascuero -dice Trinidad- más que los regalos”, José asiente y señala que para él esto fue lo más increíble que le ha pasado en su vida. Violeta, un poco más reflexiva agrega “para mí lo más importante es el nacimiento del Niño Jesús”.

Alegres y llenos de entusiasmo, estos tiernos hermanitos esperan que esta Navidad sea tan especial y única como la de 2017.

 

 

EL SONIDO DE
LAS CAMPANITAS

 

Cristóbal Zúñiga tiene 7 años y está convencido que su última Navidad fue de las mejores que le ha tocado vivir. Y no es para menos, porque pudo ver de cerca de a una de sus personas favoritas.

 

De ojos grandes y expresivos, este pequeño chicureano recuerda con lujo de detalles lo que vivió ese 24 de diciembre, y comparte su experiencia sabiendo que pocos han experimentado algo tan especial: “Estábamos en la casa de mi padrino y estaba mi prima y mis hermanos, entonces salimos a la calle de repente vimos como una luz titilado”, señala Cristóbal entusiasmado, y nos cuenta que en esos momentos su padrino se dio cuenta que los perros estaban muy inquietos y eso llamó la atención de los niños. Emocionados se devolvieron a la casa para ver si llegaba el Viejito. “Estábamos entrando y mi mamá dice ‘shhh..’, entonces nos quedamos callados y ¡escuchamos unas campanitas!”.

 

Sin poder creer lo que estaba pasando, Cristóbal, su prima y sus hermanos salieron al jardín y allí vieron al Viejito Pascuero.

 

“Entonces, cuando salimos al patio, se apareció el Viejito -recuerda- y como estábamos justo detrás de una reja, el Viejito solo nos entregó los regalos y nos saludó, no entró a la casa. pero después lo vimos pasar por los árboles y ahí estaban los renos, que en realidad no los vimos pero escuchamos las campanas”.

 

Un sonido que sin duda quedó grabado en Cristóbal y que le recordará ese día de Navidad en que vio a Santa Claus en su trineo mágico conducido por sus renos.

 

UNA NOCHE MÁGICA

 

Esa Navidad, los padres de Guillermo Castellucci de cuatro años, decidieron no celebrarla en Chicureo y emprendieron rumbo a la parcela de los Tatas ubicada en la aurora de Curacaví, donde se reunirían con tíos, primos y buena parte de la familia.

 

Llegada la noche, la emoción de los niños era tan grande que los adultos decidieron salir afuera a buscar al Viejito Pascuero, pero Guillermo sintió miedo y prefirió quedarse con su mamá en la seguridad de la casa. Con apenas cuatro años tiene claro que el Viejito debe entregar regalos a todos los niños y por eso no se deja ver.

 

“Lo vi cuando fui a la parcela y me dio un poquito de susto -recuerda- y tiene barba blanca y algo rojo y sus regalos los lleva en el trineo y los entrega”.

 

Como es pequeñito, no recuerda algunos detalles, pero es claro al señalar que “él llegó en su trineo, pero yo no vi el trineo porque llega en la noche para que nadie lo vea, yo me quedé con mi mamá y los demás se fueron a buscar a Santa”.

 

Sin embargo, la suerte estuvo de su lado, porque aunque se quedó en su casa, lo vio llegar con los regalos y sintió un “pequeño susto” que se le pasó cuando se fue. Sin embargo, volvería a repetir esta experiencia de nuevo, con tal de verlo otra vez.
“No me acuerdo si dijo algo cuando entró a mi casa y pero sí dijo que tenía algo para un ‘personaje’ llamado Guillermo, y ese era yo y me entregó un regalo”, cuenta radiante de felicidad.

 

TRADICIONES Y SORPRESAS
INOLVIDABLES…20 AÑOS DESPUÉS

 

Maximiliano Aliaga recuerda que antes de vivir en Chicureo, pasó los primeros 10 años de vida en Santiago, y en ese entonces para él la Navidad comenzaba cuando escribía la carta para el Viejito Pascuero. “Me acuerdo que la dejaba en mi ventana y después sentía un ruido, y sabía que era el viejito que se la había llevado y yo pensaba que eso era genial porque me iba a comprar los regalos, y todo lo mágico que eso significaba”.

 

Pero sus recuerdos más increíbles no fueron los regalos que recibió, si no la emoción vivida y en ese sentido, un encuentro que tuvo con Santa Claus en el Parque Arauco lo dejó marcado. “Fue emocionalmente impactante, porque todos los niños que estábamos reunidos ahí sabíamos que iba a llegar, y más encima lo hizo en helicóptero. Fue impresionante verlo llegar en esa tremenda máquina que rara vez uno puede ver de cerca, fue demasiado, era ver el Viejo Pascuero, ver que existía…lo máximo”, señala Maximiliano.

 

Y aunque ya es un hombre de 31 años que trabaja como emprendedor en turismo, no puede olvidar la tradición que todas las Navidades hacían en su familia: el 24 en la noche su papá lo llevaba a él y a sus hermanos a los cerros de Lo Curro a ver el trineo con el Viejito Pascuero y los renos, “me acuerdo que tiraban fuegos artificiales y nosotros, en medio de las luces lo veíamos siempre. Luego nos cambiamos a Chicureo y seguimos con la misma tradición, pero en Las Canteras”. Aún siente muy vívido cómo la emoción lo invadía cada Navidad. Misma emoción que lo invadió cuando una Nochebuena escuchó unas campanitas y vio entrar a su casa ¡al Viejito Pascuero! “Sentí miedo de verlo tan cerca, pero se me fue pasando cuando entregó los regalos. Después de eso se fue”.

 

Todas estas vivencias mágicas hacen que ya de adulto, Maximiliano tenga los mejores recuerdos de ese día especial, tan significativo que tanto él como sus hermanos rogaban que llegara pronto la noche, y con ella el esperado momento de escuchar o ver algún rastro del mítico Viejito Pascuero. VDS

 



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