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VDS, CUMPLIMOS
20 AÑOS

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Por Victoria Mordcovich L.


Este mes, Valles del Sol cumple 20 años acompañando el crecimiento de Chicureo. Desde sus comienzos como único medio de comunicación en una zona de carácter básicamente rural hasta hoy, consolidada como empresa multicanal y adaptándose a los cambios sociales y culturales que implica el desarrollo, ha transcurrido mucha historia... Gracias a todos por ser parte de este camino, a veces sinuoso, pero lleno de recompensas.


El sueño de crear una revista para Chicureo comenzó a principips de 1998, con una idea y muchos deseos de construir una comunidad. Claudia Alvarez había llegado menos de un año antes a vivir con su familia a la zona y una de las primeras cosas que le llamó la atención fue el aislamiento, el ver que los vecinos conformaban una masa de personas –no muy grande, todavía- pero sin integrar. “Yo había trabajado en agencia de publicidad y apenas me instalé aquí vi la necesidad de tener un canal que uniera a la gente y que a la vez diera a conocer todo lo que había. Pensé que solo de esa manera podríamos obtener más servicios y mejorar nuestra calidad de vida”, afirma la fundadora y directora de revista Valles del Sol, quien hoy celebra orgullosa los 20 años de existencia de aquel proyecto.

 

Si bien nuestro sector aún no se vislumbraba como el polo urbano que ha ido floreciendo en los últimos años, ya por ese entonces había comenzado a generarse la sensación de movimiento. “Todo se vendía en las casas, casi no había negocios puertas afuera. De hecho, la mayoría de los emprendedores que hemos acompañado durante estos años en las páginas de VDS empezó con algo chiquito y se fue ampliando de a poco hasta tener su propio negocio”, cuenta Claudia Alvarez. En ese marco, comenta que entre los primeros clientes con avisos grandes estuvieron el de una piscinería y el de la empresa de portones Portolmatic, que acompaña hasta el día de hoy nuestras páginas y cuyo dueño comenzó haciendo trabajos particulares en su casa.

 

Los vecinos pioneros de la zona coinciden en que la revista ha sido fundamental en el desarrollo del sector. “Sin duda fue nuestro primer referente, donde empezamos a reconocer y perfilar nuestra identidad, dándole un carácter propio a la comunidad de residentes”, opina Mauricio Olivares, vecino desde 1987 y miembro de la familia propietaria del fundo Guay Guay, donde hoy se erige Piedra Roja. Según su mirada, sentirse parte de una comunidad e identificarse con ella requiere de mucho trabajo, algo en lo que VDS “ha tenido un papel clave, porque además reforzó el consumo local de productos y servicios propios de la zona, ratificando la idea de vida sustentable e independiente de Santiago”.

 

 

Mauricio Olivares y su
señora, Verónica Montes
.

 

Según Jorge Alvarez, dueño del Boulevard Los Ingleses y El Barrio Propiedades, la revista permitió construir un puente con la comunidad que hasta ese momento no existía. El empresario –quien fue bautizado en la casa donde hoy funciona El Barrio y desde siempre ha estado vinculado con esta zona- lo explica de una manera muy clara: “Si tenemos en cuenta que sólo Piedra Roja tiene 1.000 hectáreas urbanas, nos damos cuenta de que Chicureo es enorme y, por lo tanto, cuesta mucho comunicar. De ahí la importancia de contar con un medio como éste, que ha sabido posicionarse en base a la trayectoria y a la credibilidad”.

 

 

Jorge Alvarez.

 

Doina Dyk vivió prácticamente toda su infancia en una parcela de Lo Arcaya y hoy, ya adulta, profesional y madre de dos hijos, sigue eligiendo esta zona para vivir y trabajar. Al igual que muchos otros vecinos, ella también coincide en que Valles del Sol es un referente importante. “Es absolutamente necesaria y un gran aporte, tanto para los emprendedores, que encuentran en la revista una oportunidad de darse a conocer más rápidamente, como para los lectores, que pueden enterarse de la actualidad de la zona de una forma concisa y afable, y a su vez tener una guía de consulta rápida y muy útil”, asegura.

 

Otros de los primeros en llegar a Chicureo, cuando el lugar aún era básicamente agrícola, fueron Kiko Benitez y su señora, Javiera. Ellos construyeron su casa a fines de los ’80 y recuerdan cómo algunos vecinos de aquel entonces cosechaban tomates en las parcelas ubicadas a la vera del Camino Chicureo, que por ese entonces no estaba asfaltado y tampoco se llamaba así (ver aparte). En esa época, cuando los vecinos vivían alejados unos de otros y faltaba la comunicación, cada novedad se vivía como un hito. “Uno iba a comprar a Colina porque aquí no había nada, así que imagínate la revolución que se generó cuando en la esquina de la carretera, donde hoy está Puertas de Chicureo, comenzaron a vender helados Savory y quesos Pucará”, relata Javiera.

 

En ese contexto, apunta que casi una década después, la llegada de la revista, plena de datos, fue algo revolucionario. “El dato es vital y es lo que la gente necesita, así que no nos sorprende que haya llegado a 20 años”, dice Kiko, quien también está celebrando por estos días el vigésimo aniversario de su sitio chicureo.com.

 


Kiko Benitez y su señora, Javiera.

 

En sus comienzos, la revista tenía 16 páginas y se hacía a un solo color en un papel llamado bond, que es parecido a la hoja oficio. Con el tiempo fue creciendo, pero no solo en estética sino en todos los aspectos: editorial, periodístico, tiraje, etc., hasta llegar a la edición que se entrega hoy en todos los condominios, comercios y lugares emblemáticos del sector, con más de 30 páginas, en papel couché y a todo color.

“Los primeros años, la distribución la hacíamos entre mi jardinero y yo, así de precario era todo, pero siempre estuve convencida de que era un proyecto necesario y de que iba a lograrlo”, cuenta Claudia Alvarez, quien con la misma certeza del comienzo, el año pasado entendió que era tiempo de dar el salto cualitativo hacia la tecnología y lanzó la App VDS. “Hoy somos una empresa multimedia con diferentes canales comunicacionales y hemos crecido en paralelo al desarrollo de Chicureo. Esa es nuestra mejor carta de presentación”, dice respecto de su posicionamiento.

 

Jorge Alvarez ratifica ese planteo. “La revista genera credibilidad, tiene avisos y entrega información relevante para la gente que vive en el sector, que es muy localista y, si pudiera, haría toda su vida acá”. El empresario, quien es anunciante en VDS desde hace muchos años y pese al alcance del apellido no es pariente de nuestra directora, recomienda a todos sus operadores usarla como medio de comunicación y difusión: “Estar en las páginas de la revista genera posicionamiento y garantiza que uno va a entrar en todas las casas, y entrar a las casas no es fácil”, asegura.

 

“DEL FUNDO AL CONDOMINIO”
Por Mauricio Olivares

 

Llegamos en marzo de 1987 a instalarnos en la casa que habíamos construido junto a las casas patronales de la Hacienda Guay Guay. Al costado de nuestra casa estaban las bodegas del fundo, la herrería, los corrales y pesebreras. Todos los días llegaba el campero a guardar los caballos que venían de los potreros que hoy son los condominios La Fuente y Canquén Norte.

 

Estábamos sin electricidad, por lo cual funcionamos 2 años con puras velas y lámparas de parafina y el único almacén que existía era la Higuera, en Camino Chicureo con Los Ingleses.

 

Teníamos a Mauricio Y María José, con quienes partía a Santiago a las 5:45 cada mañana por el camino de 9 km infernales de tierra hasta tomar la carretera. Yo trabajaba en el sector de Providencia con Suecia y los niños estaban en el colegio Mayflower y, como la subida a la Pirámide se abrió recién en 1992, nuestra ruta diaria era por San Martín, siguiendo por la 5 norte y Av. Santa María.

 

Los fines de semana salíamos con los empleados del campo y en ciertas ocasiones hacíamos rodeo en la medialuna que estaba donde hoy es el condominio Los Portones. Con esos rodeos juntamos recursos y presentamos al Municipio el proyecto de electrificación, el cual se materializó el año 1992 desde la rotonda de Piedra Roja, por la Av. del Valle y el Camino Guay Guay, hasta la esquina de nuestra casa y de ahí a las casas de los inquilinos. Eso nos cambió la vida y fue una modernización importante.


Ya en 1995, un grupo de inmobiliarios pavimentamos el camino Chicureo hasta los Polos y posteriormente hasta mi casa. Ese fue un cambio importante, junto con la apertura del Colegio San Anselmo.

 

Poco más tarde vino todo el desarrollo impulsado por el proyecto Piedra Roja, con avances como el Camino Pie Andino, la Laguna y la Radial, cambios que estábamos preparados porque fuimos socios desde un comienzo, hasta 2007.

 

Hoy estamos felices porque fuimos parte del desarrollo, al ver nuestras tierras convertidas en un gran espacio urbano sustentable y progresista, pero a la vez conservamos las casas patronales con su parque centenario y la construcción y objetos que fueron de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, quienes llegaron a la zona en 1905.

 

“YA NO ESTAMOS SOLOS”
Por Doina Dyk

 

 

Era abril de 1987… llegábamos con mis padres desde el barrio Lastarria a nuestra casa recién terminada de construir, una parcela en el sector de San Vicente de lo Arcaya donde había aproximadamente 20 sitios, con sólo 3 vecinos, a la que se accedía únicamente por la pequeña carretera San Martín de una pista por sentido, actual autopista Los Libertadores. Quedaban aún tiradas en el sitio unas cebollas de la cosecha del año anterior, la noria que dejó de usarse al haber hecho el pozo (una época en la que los metros de la napa no eran tema…) y un terreno a mis ojos gigante, en el que se dibujaban nuestros proyectos.

 

Con mis 7 años, viajaba todas las mañanas temprano al colegio en Las Condes por una cuesta (La Pirámide) estrecha y sin pavimentar. No llegaba Chilectra, había que pagar la cuenta de la luz a una vecina que tenía contacto directo con la empresa de empalme (que por lo demás se cortaba a cada rato). Hubo que pedir instalación de línea telefónica fija: un gasto imprescindible pero descomunal para esos años. Mis compañeros de curso me hacían notar que las llamadas a mi casa eran “larga distancia”.

 

Las compras eran un tema: un supermercado pequeño en Colina centro (Don Kiko), la señora María con su almacén en el cruce de lo Arcaya, y poco más. La bencina se echaba en “Santiago”, colegios no había y de restoranes, ni hablar.

 

A medida que fui creciendo, mi entorno también y, como gran suceso, apareció una bomba Texaco a metros de mi casa, la que también crecía ante mis ojos y mis ansias de “maestrear”. Fuimos víctimas de la delincuencia, pero, a decir verdad, era escasa. Surgían distintos negocios, algunos exitosos y otros no, en una “calle Chicureo” que antes estaba “por ahí”, pero que en algún momento explotó.

 

Ya más tarde, en 1998, mis 18 años me llevaban a la facultad por “la autopista”, cuya construcción fue tema obligado de conversación por años. Al debutar el peaje de Las Canteras costaba 300 pesos.

 

Esa vida un tanto aislada se hacía cada vez más amigable cuando fueron llegando negocios más grandes, las cadenas de supermercados, las farmacias y minimarket, aunque las distancias no favorecían su pronta identificación. Fue cuando al encontrar una revista Valles del Sol en el mesón de la ferretería noté que las posibilidades eran mayores a las que estaba descubriendo. ¡Ya no era un drama si se te había olvidado comprar la aspirina en Santiago! Al tenerla en mis manos tuve una sensación parecida al “ya no estamos solos...”, imaginé que había nacido una plataforma de conexión que no teníamos, para conocernos y apoyarnos.

 

EL NOMBRE DEL CAMINO

 

Según el relato de Kiko Benitez, hacia fines de los ’80, toda la zona del bajo se llamaba Santa Luz. Hacia arriba, desde la rotonda y tomando hacia la izquierda era Guay Guay, mientras que si se seguía derecho comenzaba el Fundo Chicureo. “Nosotros le pusimos el nombre al camino, porque yo –que soy ateo- me negaba a vivir en un lugar con nombre de santo. Entonces, cuando nos preguntaban dónde vivíamos, nuestra respuesta era, ‘Camino a Chicureo, km 1’, porque era la vía obligada para llegar al fundo”, cuenta el fotógrafo, que ha dedicado gran parte de su vida a interiorizarse y dejar plasmada en papel la historia de la provincia de Chacabuco. VDS

 


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